El arte, el pancho y la coca.

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Sin ánimo de creer que mi opinión es válida, única o irrefutable quiero decir que cuanto más bardo se arme sobre este tema mejor, más miradas, más aportes siempre hacen una reflexión copada.

No sé en qué parte de la historia de la humanidad alguien le dijo no sé, ponele, a los primeros juglares que su arte valía un pancho o una “gorra”. No sé quién o qué pensamiento nos lleva a creer que el arte, ese que uno va a ver, que se hace en un lugar, que se prepara durante meses y se presenta, no es un trabajo que debe ser al menos, dignamente remunerado.

Entendamos por trabajo lo que lleva tiempo, preparación y experticia en el tema. Es decir, un albañil trabaja ocho horas, se ha preparado para hacer una pared y se supone que es experto en armarla (salvo mi primo que me hizo un muro de onda y que terminó en el piso pero, ese es otro tema).

Volviendo ¿no es un trabajo ensayar cuatro horas tres o cinco veces por semana, no lleva preparación y ser capaz de hacerlo o sea, saber hacer lo que se hace? Pregunto nomás. ¿Le dirías a un médico que te opere por un pancho y una coca? Me vas a decir “y no, porque el médico salva vidas y el albañil construye casas”. Bien, estamos de acuerdo pero, para acotar hablemos de trabajo, el trabajo que se hace. ¿Por qué una banda, una obra de teatro o danza es útil cuando es gratis y en el mejor de los casos cuando acepta una monedita, digamos, un aliciente nomás para no decir que se lo hace gratis? ¿No es también un trabajo?

Y por otro lado, también hay una realidad y es que el arte es importante. No te opera del corazón pero a muchos nos ha salvado de un corazón roto, a muchos nos saca del mundo, a muchos los hace sentir no tan solos. Y es importante en tanto ningún evento que se precie de tal puede estar apoyado en algo que no sea artístico, la música por ejemplo.

Y es cierto también que los artistas, con esa pasión y esa vocación, hacen arte gratis o por lo que sea. Porque es vital, porque es una pulsión imposible y porque muchas cosas tienen valor más que precio. Aunque con vocación y pasión no se pagan las cuentas y el artista, bueno, vamos a develar una verdad oculta, come. Y no puedo olvidar de la inversión para montar un espectáculo que siempre es muchísima, en cualquier rama del arte y eso, ni por las tapas nos vuelve.

La cuestión para cerrar aunque siento que este debate recién arranca, es preguntarnos por qué hay tan poco apoyo del estado en el área de cultura, por qué los organizadores de eventos te ofrecen tres mangos y te “hacen el favor” de dejarte hacer “tus cosas” y por qué nos hemos resignado a la desvalorización constante del quehacer artístico. Digo, por ahí es momento de empezar a pensar que si la alegría que viene del arte es importante y necesaria, también debería ser bien paga y revalorizada.

Y si algún hippie se me ofende le pido disculpas, yo también hago arte gratis y mi novio me dice hippie y, no me molestó nunca hacerlo gratis. Pero, en general, pensando bien profundo y bien adentro siento que no solo es plata, que es el lugar que una sociedad le otorga al artista y a su acción. Y si el arte para una sociedad vale un pancho y una coca, qué se yo, se me hace que vamos mal…

Por Silvia García Marchetti.
octubre 2021
noviembre 2021
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