Los Beatles cambiaron mi vida. Cap II

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Primero, voy a pedir disculpas por esta segunda entrega. Tengo pleno conocimiento y aceptación de que no es justo para nadie pero igualmente están a tiempo de cerrar la pestaña.


En fin, en el primer capítulo conté cómo conocí a los Beatles, por medio de quién y qué hice con ese descubrimiento a mi tierna edad de 6 añitos (al que no haya visto la primera entrega, le dejo el link ACÁÁÁÁÁ).

Obviamente, lo que más quería era escucharlos, una y otra vez. Para mi fortuna, en mi casa se encontraban 2 cassettes (que todavía conservo). Uno era titulado “20 éxitos de oro” (por más que busco, no me queda claro donde se ubica en su cronología pero dio pie para la recopilación del álbum “One” en el año 2000), y el otro era el “White Album” (de esta placa hablaremos más tarde puntualmente).


El ritual, era acostarme en mi cama, y reproducirlos en un grabador que tenía, y trataba de escribir (rey de la fonética animal) las letras mientras iba escuchando para poder cantarlas.

“JELP!, ainid sambari. JELP! nachisenivar. JELP! iuno ainí sombuón. JEEEEEELP”

No se donde habra ido a parar ese cuaderno pero era excelente para los que no sabíamos inglés (lo publicaría en el Rqta Compra-Venta y me haría millonario).


Sumado a esto, tuve una obsesión por ser propietario de todo, absolutamente TODO lo que fuera de ellos: revistas, imágenes, recortes de diario, posters (fui a La Maga disquería durante semanas a garronear algún poster de los Beatles. Ante la negativa e inexistencia de los mismos, volví a casa con uno de Catupecu Machu y otro de Santana…negoción). Tanto que, más tarde, amaba ir al cyber con un disquete (centennial, pinchá aquí) para traerme wallpapers de ellos. Decenas y decenas de fondos para windows, sumamente baratos, burdos y mal hechos (por ejemplo, ellos cruzando el Abbey Road pero vestidos con camisetas de River y cosas así) pero yo era feliz.

Seguía conociendo solamente las canciones que se incluían en los cassettes mencionados, ya que no era una época donde podíamos acceder a cualquier álbum y recital que se nos plazca en el momento. Esto hizo que básicamente las absorbiera en su totalidad.


Aunque para mi todas las canciones las cantaba John Lennon, sabía que el guitarrista era George Harrison y me atraía demasiado cada nota, cada “punteo”, cada sonido (aunque no sabía ni lo que era un La Mayor). Esto desembocó en una frase que realmente designó el rumbo de muchas cosas que se presentaron ante mi camino:

“Mami..¿puedo tener una guitarra?”

Y así fue, con mis hermanos y ayuda de mis viejos, pudimos comprar por $120 (no estoy haciendo publicad a La Maga pero fue allí) una guitarra “Gracia”, azul con bordes de color negro tipo sombra. Que todavía existe en perfecto estado.
Chau, ya tengo guitarra, solamente tengo que aprender para ser una estrella de rock y todos van a verme tocar. Seré un héroe. No es así? ah.. no.. bueno…


Siguiendo el relato, ya con la guitarra en mano, y sin ninguna experiencia, tuve mi primer cancionero de los Beatles (¿donde lo compré? así es…). De esos que en la portada, tenían una imagen del artista o banda, en caricatura. Con ese librito, aprendí la mayoría de los éxitos y los interpretaba con una discutible eficacia frente a mis familiares.

Para cerrar este capítulo, quiero decir que esta banda, fue el puntapié de mis primeros pasos en el arte. Algo que me iba a acompañar hasta hoy y espero que lo haga toda mi vida. Hasta conocerlos, no hubo ningún otro conjunto o artista, que acapare al 100% mis sentidos, haciéndome sentir acompañado en cada canción, permitiendo, incluso de tan pibe, soñar ser músico, crear, subirme a un escenario y vivir de ello como lo hicieron.
Eso no lo puede hacer cualquier banda. ¿O si?

… fin del segundo capítulo.-

Por Damiano Cian
octubre 2021
noviembre 2021
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