RRSS: ¿Por qué nos aturde tanto la desnudez?

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“¿Qué es lo que está o no está permitido?”, una pregunta que tal vez ya casi nadie se la hace, o al menos yo.

Siglo XXI, y aún publicar una imagen donde se enseñe más piel de lo normal sigue siendo un gesto, que casi para la mayoría, es un caso para fastidiar. Y se acentúa aún más todavía, si es una mujer quien hace este tipo de posteos.

“No se deben subir imágenes u otro tipo de contenido violento, que muestre desnudez completa o parcial, discriminatorio, ilícito, transgresivo, de odio, pornográfico o sexualmente sugestivo vía este servicio”, dicen las reglas de Instagram. PERO OJO! estas redes sociales solo actúan sobre una publicación en general, cuando han sido alertados por otros usuarios quienes se quejaron de ella.

Pero ¿cuál es la controversia?, si en el arte clásico el desnudo siempre estuvo amarrado a un carácter representativo, que no configuraba ninguna molestia. La Venus de Milo muestra ambos senos y un abdomen, si se quiere muy sensual, que se presenta en una forma de la gloria de las deidades, el modo más sencillo de expresar que su valor supera al de los hombres.

Ok, ok, ok, si nos ponemos a pensar, la religión y la moral, hicieron lo suyo durante la Edad Media (aunque algo irónico, sin recordamos los antiguos escritos, Adán y Eva vivieron en pelotas sin ningún problema). La posesión de material artístico por parte de las instituciones más poderosas del catolicismo, y también el extenso papel de la Inquisición, permitieron que la Iglesia controlara la censura de arte. Cuando Miguel Ángel pintó las figuras desnudas de la Capilla Sixtina, el artista Daniele da Volterra fue el encargado de pintar hojas de parra sobre cada uno de los sexos de los ángeles o de casi todos.

Vean La venus de jalea, no podemos culpar a Homero por caer en la tentación, o si?

Otra obra de Miguel Ángel fue censurada de una manera similar. Cuando su “David” fue puesto en una plaza pública, los transeúntes la abuchearon por una razón esencial: mostraba su pene. Una hoja de parra cubrió la obra original por algún tiempo, y también, en otros lugares, a algunas de las réplicas.

Sin embargo ya no estamos en la Edad Media y lo mismo sigue sucediendo en Internet, las personas pueden tolerar cuerpos “hermosos”, simétricos, trabajados, bronceados, sin absolutamente nada de prendas, pueden mirar pxrnx sin chistar. Pero no pueden lidiar con aquellos cuerpos que salen de estético o lo socialmente aceptados, y es que la cultura narcisista, el culto al ego y el componente sexista provocan que la necesidad de reportar o comentar les brote por los poros.

¿Es acaso esta una doble moral o simplemente la incapacidad de aceptar aquello que no consideramos atractivo para la vista? Y es que debo confesar que un par de veces también he caído en la tentación de opinar sobre otros cuerpos.

Las redes sociales, se han vuelto un espacio donde la privacidad o la intimidad son radicalmente expuestas al ludibrio público en todos los sentidos, gracias a una colectividad excesivamente superficial donde la imagen pesa más que el intelecto. Donde, la desnudez ya no debería generar sorpresa, puesto que esta misma sociedad regida por la exagerada preocupación por lucir bien frente a las demás personas, impulsan a estas prácticas conocidas como las selfies o el sexting. Incluso, una nueva tendencia denominada “Frexting”, se lleva a cabo cuando una mujer o un hombre envían imágenes provocativas a uno o varios amig@s esperando recibir comentarios positivos, sin necesidad de tener una intención sexual o amorosa. Dándoles consecuentemente, un papel protagónico en Instagram o Facebook.

El cuerpo desnudo se ha convertido a lo largo de la historia en instrumento de expresión artística. Pintores y escultores lo destapan para mostrar su belleza; los escritores lo describen para encender la imaginación de los lectores, y los cineastas lo hacen para despertar el erotismo dormido de sus públicos. También el desnudo funciona, de a ratos, como manifestación política, planteos de género, llamador publicitario o mero desafío personal y estético.

Sea cual sea la intención detrás de mostrar nuestra desnudez, la regla de oro acá es “SER, DEJANDO SER”.

Por Florencia Gutiérrez
octubre 2021
noviembre 2021
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