Emprendimientos artesanales, la ASSAL y sus grises

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A finales del mes de abril, un comercio que revende nuestros productos alimenticios nos escribe para informar que ASSAL se hizo presente en su comercio y le decomisó nuestros productos, entre otros, por no estar habilitados.

RecoVeg, como muchos otros en la misma situación, es un emprendimiento artesanal. Por ello, nuestros productos no se encuentran habilitados por ASSAL. Respecto de los controles que realizan, está bien que lo hagan. Incluso opino que deberían ser más rigurosos con algunas empresas o rubros alimenticios. No obstante, hay un vacío legal respecto de los productos que tienen su origen en emprendimientos de comidas artesanales. Es decir, la ley que regula la producción y comercialización de productos alimenticios no contempla a los emprendedores. De alguna manera,
entonces, nos vemos obligados a manejarnos de manera irregular.

El problema es que estas limitaciones ponen trabas al avance del emprendimiento que tiene como objetivo llegar a ser algo más. Por ejemplo, RecoVeg hace ventas mayoristas a diferentes comercios para que revendan al público. El
problema es que, al ser productos artesanales, no son productos habilitados. Y si van los inspectores de ASSAL y ven en un comercio que venden productos no habilitados, los decomisan, generando pérdida al comercio, y al emprendimiento porque probablemente el comercio no vuelva a comprar un producto a ese emprendimiento.

El problema radica en que para habilitar un producto, además de cumplir con todas las normas de seguridad e higiene, tenés que tener una fábrica. Pero RecoVeg no es una fábrica. Nosotros producimos todo en un domicilio particular. Y por más de que cumplamos con todas las normas de seguridad e higiene, no podemos habilitar sin tener una fábrica propiamente dicha. Ello significa alquilar un espacio aparte y producir a nivel industrial para poder pagar los costos que implicaría instalar una fábrica (alquiler, personal inscripto, impuestos, etc., etc.). Hablamos de una inversión que es
inaccesible para un emprendedor al cual el mismo Estado sabotea con las limitaciones que le ponen para acceder al mercado mayorista, gracias a un vacío legal.

Porque el problema fundamental es que los emprendimientos artesanales de comida no están regulados por la ley. El que está regulado es el comerciante a quien le secuestran los productos que no estén habilitados. Yo, como emprendedor, puedo producir en mi casa y nunca van a venir a hacerme un control. No pueden hacerlo.
Pero sí pueden decomisar mis productos en los comercios que los revenden. Y es injusto. No pedimos que no hayan controles. Pedimos que nos regulen, que nos contemplen en la ley para que así podamos ingresar al mercado mayorista y poder crecer y, por qué no, poner una fábrica.

Consideramos que esa falta de consideración es contraria a los intereses que promueven todos los tintes políticos en cuanto a desarrollo local y emprendedurismo. Tal exclusión es sólo beneficiosa para aquellos “emprendimientos” que tengan acceso heredado a capitales que les permitan crear y habilitar fábricas. Tal exclusión estanca a la generalidad de emprendedores, pisoteando sus aspiraciones de ser algo más. Tal exclusión, en lugar de facilitar y promover el consumo de producción local heterogénea, logra destruir la sana competencia y facilita la generación o perpetuación
de monopolios.

Consideramos necesaria una modificación de las leyes que regulan la producción de alimentos. Una ley que contemple a los emprendedores y no sancione a quienes los ayudan a crecer.

Por Enri Loubiere
octubre 2021
noviembre 2021
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