El himno de los Juegos Olímpicos y su historia

El himno de los Juegos Olímpicos y su historia

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Entre el 6 y el 15 de abril de 1896 tuvieron lugar los Juegos Olímpicos de Atenas, conocidos oficialmente como Juegos de la I Olimpiada. Ese 6 de abril, el Estadio Panathinaikó rebasó su capacidad con un público ansioso por ver a los 241 atletas masculinos —no hubo presencia femenina— de 14 países diferentes.

AL comienzo del festejo sonó una cantata coral integrada por nueve bandas y un grupo de 150 voces, de miembros de todas las sociedades musicales de Grecia. Una pieza optimista, con fanfarrias de metales en tono mayor y una vigorosa melodía que buscaba encarnar la fuerza y ​​la esperanza.

Αρχαίο Πνεύμα αθάνατο, αγνέ πατέρα
του ωραίου, του μεγάλου και του αληθινού,
Κατέβα, φανερώσου κι άστραψε εδώ πέρα
στη δόξα της δικής σου γης και τ’ ουρανού.
 
Στο δρόμο και στο πάλεμα και στο λιθάρι
Στων ευγενών αγώνων λάμψε την ορμή
Και με το αμάραντο στεφάνωσε κλωνάρι
και σιδερένιο πλάσε και άξιο το κορμί. (δις)
 
Κάμποι, βουνά και θάλασσες φέγγουνε μαζί σου
σαν ένας λευκοπόρφυρος μέγας ναός.
Και τρέχει στο ναό εδώ προσκυνητής σου (δις)
Αρχαίο Πνεύμα αθάνατο, κάθε λαός. (δις)

El texto que vemos arriba, en el alfabeto original en el que fueron escritas, el griego, hablan de la inmortal llama Olímpica y de cómo esta puede unir, inspirar y traer honor mientras ilumina el camino para las naciones y los héroes deportivos.

“Proclamo inaugurados los Juegos de la Primera Olimpiada de la Era Moderna”, fueron las palabras del rey Jorge I que dieron paso a las 43 competiciones de 9 deportes que revivieron el espíritu de aquel evento que se celebró desde 776 a. C. en las antiguas ciudades-estado griegas.

La música del himno fue compuesta por Spyridon Samaras, músico muy reconocido a finales del siglo XIX, considerado el compositor griego más importante antes de Dimitri Mitropoulos. La letra del canto de victoria está basada en un poema del escritor y dramaturgo griego Kostís Palamás, nominado dos veces al premio Nobel de literatura. Ambos artistas fueron elegidos por Demetrius Vikelas, el primer presidente del Comité Olímpico Internacional (COI).

Pese a los muchos obstáculos y reveses, los Juegos Olímpicos de 1896 se desarrollaron con éxito, logrando la mayor participación internacional en un evento deportivo hasta esa fecha y marcando un punto de partida en la época Moderna para que cada cuatro años tuviera lugar esta competición. Solo las dos grandes guerras del siglo XX, y el año pasado la pandemia, han impedido su realización como estaba estipulada. 

Sin embargo, para las siguientes Olimpiadas, las naciones encargaron sus propios himnos para las ceremonias y solo hasta 1958, en la 55ª sesión del Comité Olímpico Internacional celebrada en Tokio, se declaró a la composición de Samaras como el cántico oficial, que debe sonar cuando se iza la bandera en la inauguración del evento y cuando se baja en la clausura. En 1960, en el Squaw Valley en los Estados Unidos, en el marco de los Juegos Olímpicos de Invierno de 1960, se cantó su versión en inglés. 

Técnicamente este himno sólo existe cantado en griego, inglés y francés, idiomas oficiales del COI. Ahora, si en el país anfitrión no se habla ninguno de estos, el organismo decidió que la lengua nacional se convertiría en idioma olímpico durante la duración de los juegos. Por esto se ha entonado en alemán, catalán, coreano, español, italiano, japonés, noruego, ruso y serbo-croata.

La traducción literal del cántico griego al español sería la siguiente: 

​​Espíritu inmortal de la antigüedad, Padre de lo verdadero,
lo hermoso y lo bueno. Desciende,
preséntate, Derrámanos tu luz sobre esta tierra y bajo este cielo,
Que fue el primer testigo de tu imperecedera fama.
 
Dad vida y vivacidad a esos nobles juegos
Arrojad, guirnaldas de flores que no palidecen.
¡A los victoriosos en la carrera y en la contienda!
¡Crea, en nuestros pechos, corazones de acero! (bis)
 
En tus ligeras llanuras, montañas y mares
Brillan en un matiz roseo y forman un enorme templo
En el que todas las naciones se reúnen para adorarte, (bis)
¡Oh espíritu inmortal de la antigüedad! (bis)

Sin embargo, cuando se ha traducido en países de América Latina ha tenido algunas variaciones que podemos ver a continuación, incluso estas pueden cambiar un poco acorde al país:

Espíritu inmortal, el Padre de pura
belleza, el grande y el verdadero
descenso, la revelación y mostró aquí
la gloria de la tierra y el cielo.
 
¡Dar vida y vivacidad a esos nobles juegos!
Lanzar coronas de laureles inmarchitables.
¡A los vencedores en la carrera y en la lucha!
¡Crea en nuestros pechos, corazones de acero! (bis)
 
En los campos, montañas y mares brillan con ustedes
en un matiz rosa y forman un gran templo
donde todos los países se reúnen para adorarte, (bis)
¡Oh espíritu inmortal de las Olimpiadas! (bis)

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